By Evamaría Presas

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados de ánimo propios o ajenos.

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Fueron dos psicólogos de la Universidad de Yale en los Estados Unidos Peter Salovey y John Mayer quienes acuñaron este término, pero quien realmente la difundió y la hizo mundialmente conocida fue el también psicólogo Daniel Goleman, quién además es filósofo y periodista.

Todos los seres humanos venimos dotados de conocimientos, habilidades, y destrezas que desarrollamos para comprender, transformar y practicar en el mundo en el que nos desenvolvemos. 

En la Inteligencia Emocional se desprenden cinco habilidades prácticas  clasificadas en dentro de dos grupos:

1)INTELIGENCIA INTRAPERSONAL (internas, de autoconocimiento) a la que le pertenecen 3 habilidades:

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– La autoconciencia, el término conciencia se usa para distinguir, entre las funciones mentales las características que se refieren tanto al llamado ‘estado de conciencia’, o para designar los procesos internos del hombre de los que es posible adquirir conciencia, y es en este último sentido que utilizamos el término de La autoconciencia, que no es una función tan simple y directa como pudiera parecer y menos respecto a nuestras emociones. Si digo: “Que estoy enojado/a, quizá lo esté, pero puede que también esté equivocado/a. Puede que en realidad tenga miedo, esté celoso/a, o que sienta las dos cosas”.  El principio de la autoconciencia, primer paso de la Inteligencia Emocional, se da cuando la información afectiva entra en el sistema perceptivo por ej.: para poder controlar nuestra irritabilidad debemos ser conscientes de cuál es el o los agentes desencadenantes, y cuál es el proceso por el que surge tan poderosa emoción; sólo entonces podremos aprender a aplacarla y a utilizarla de forma apropiada. Para evitar el desaliento y motivarnos, debemos ser conscientes de la razón por la que permitimos que ciertos hechos o las afirmaciones negativas sobre nosotros afecten nuestro ánimo.

Para ayudar a otros a ayudarse a sí mismos, debemos ser conscientes de nuestra implicación emocional en la relación.  La clave de la autoconciencia está en SABER SINTONIZAR con la abundante información nuestros Sensaciones, Sentimientos, Valoraciones, Intenciones y Acciones, que disponemos sobre nosotros mismos. Esta información nos ayuda a comprender cómo respondemos, nos comportamos, comunicamos y funcionamos en diversas situaciones. Al procesamiento de toda esta información es a lo que llamamos autoconsciencia.

Un alto grado de autoconciencia puede ayudarnos en todas las áreas de la vida, y especialmente en ella enseñanza, el estudio y el aprendizaje.  Junto con los sentimientos o las emociones aparecen manifestaciones físicas como transpirar, respirar con dificultad, la tensión o la fatiga. Y también hay manifestaciones cognitivas (emociones angustiantes), como una falta de concentración, conducta motriz o física desacelerada, congelación o abarrotamiento y bloqueo de los procesos del pensamiento, tales como el olvido o la confusión.

Una herramienta clave de la autoconciencia es la toma de conciencia del propio cuerpo y de sus señales de excitación por lo que tenemos que llegar a ser capaces de describir nuestro cuerpo y nuestra mente con vívido detalle, incluida la respiración, la transpiración, el desasosiego, la falta de concentración, los pensamientos inquietantes, el contenido de esos pensamientos (ej: miedos o preocupación, los peligros específicos que promueven esos estados anímicos).

Debemos empezar a mirar las manifestaciones exteriores de excitación interior como algo absolutamente natural y común que no matan y saber positivamente que la conciencia les va quitando el poder a esas señales.  Si se tiene poca autoconciencia o conocimiento de sí mismo/a, ignorará sus propias debilidades y carecerá de la seguridad que brinda el tener una evaluación correcta de las propias fuerzas, por lo que las personas que tienen autoconciencia también pueden ser capaces de energizar a los demás, de comprometerse y confiar en quienes desarrollan una tarea con ellos
– El control emocional Sabiendo que los sentimientos alteran el pensamiento (ej.: cuando estamos enfurecidos, locamente enamorados, terriblemente enojados) nuestro propio lenguaje indica que la razón y el pensamiento, en tales situaciones no son congruentes.  Emociones básicas vinculadas al hambre, al miedo, a la ira, al sexo, etc. forman parte de nuestra “mochila” básica emocional, arraigadas biológicamente en nuestra naturaleza y son parte nuestra tanto si queremos como si no.  El modo en que “manejamos este tipo de formas de comportamiento innatas” está en nuestras manos porque tenemos la libertad de sopesar las diferentes posibilidades de actuación y de decidir de acuerdo con nuestros propios motivos y criterios.

Control Emocional no es REPRIMIRSE, Control Emocional es regular, controlar o modificar eventualmente estados anímicos y sentimientos, o su manifestación inmediata cuando son  inconvenientes en una situación determinada.  El aspecto importante del autocontrol lo constituye la habilidad de moderar la propia reacción emocional a una situación, sea esa reacción negativa o positiva (por ejemplo: no sería conveniente expresar excesiva alegría ante otras personas, colegas o amigos, que están pasando momento desagradables).

En la sociedad moderna, debemos utilizar cuanto sabemos acerca de las emociones y sentimientos propios y ajenos para ayudarnos a controlar mejor nuestros impulsos.  No podemos elegir nuestras emociones ni se pueden simplemente desconectar o evitar pero si podemos conducir nuestras reacciones emocionales y completar o sustituir el programa de conducta congénito primario, (ej.: el deseo o la lucha, por comportamientos aprendidos y civilizados como el flirteo, la crítica, la discusión o la ironía).  Lo que hagamos con nuestras emociones depende de nuestro nivel de Inteligencia Emocional.

– El motivarse y motivar a los demás. Motivar es dar causa o motivo para una cosa, la motivación y motivo son términos estrechamente ligados.  Esta habilidad participa justamente de ambos grupos de habilidades prácticas: (en la intra-personal y la interpersonal), por lo que podemos hablar de la capacidad de motivarnos (interna, o automotivación) y la capacidad de motivar (a los demás, saber motivar a otras personas). Por razones prácticas se considera a la motivación formando parte del primer grupo (habilidades intra-personales, junto con la autoconciencia y el control emocional) pero en términos de exactitud, como acabo de decir, puede ser vista en sus dos aspectos: una habilidad interna y una habilidad externa o de relación.

La motivación es también “una predisposición general que dirige el comportamiento hacia la obtención de lo que se desea”, ya que la base de toda motivación es el deseo y la obtención de lo que se desea es felicidad.  Las emociones son una fuente de motivación emocional, técnicamente la motivación es la capacidad para enviar energía en una dirección específica con un propósito específico.  Estar motivado es sacar lo que esta dentro de uno.

En el contexto de la Inteligencia Emocional significa usar nuestro sistema emocional para catalizar todo el sistema y mantenerlo en funcionamiento

La motivación es la gasolina que nos permite llevar a cabo lo que nos proponemos. La gente motivada tienen empuje, dirección y resolución.  Hasta aquí todo puede ser llamado automotivación, para distinguirlo del hecho de motivar a los demás porque existe una diferencia entre estar motivado y motivar que es lograr un cambio en la conducta de los demás con un objetivo.  Pero sea cuál sea los órdenes de la vida la motivación es la clave de cualquier logro y progreso.

En el plano laboral es la base del éxito y no nada más importante para un líder o un empresario que saber motivar a la gente.

2)INTELIGENCIA INTERPERSONAL (externas, de relación) a la que le perteneces 2 habilidades:

LA INTELIGENCIA INTERPERSONAL

– La empatía, es la habilidad de entender qué están sintiendo otras personas, de sentir con los demás, de experimentar las emociones de los otros como si fuesen propias.  Cuando desarrollamos la empatía (la cuarta de las habilidades prácticas de la Inteligencia Emocional) las emociones de los demás las sentimos tal cual son los sentimientos del otro, cuán fuertes son y qué cosas los provocan, algo muy  difícil para algunas personas, pero no para algunas que le es tan simple que pueden leer los sentimientos tal como si se tratase de un libro.

Diferencia entre la Empatía de la Simpatía.

La simpatía es un proceso puramente emocional, que puede ocurrir sin entender claramente el porque, sin embargo la empatía es algo diferente porque involucra nuestras propias emociones, y por eso entendemos cabalmente los sentimientos de los demás, fundamentalmente, la empatía incluye la comprensión de las perspectivas, pensamientos, deseos y creencias ajenos.  Así la simpatía es un pobre sustituto de la empatía, si bien en algunos casos, en los cuales las personas no pueden sentir empatía respecto de algunas emociones, la simpatía es mejor que nada. Sin embargo, para avanzar al siguiente estado de la conciencia emocional, se requiere verdadera empatía.

No obstante ser una persona altamente empática puede tener desventajas ya que es muy consciente de todo un complejo universo de información emocional, a veces dolorosa e intolerable, que otros no pueden percibir

Las personas que tienen empatía están mucho más adaptadas a las sutiles señales sociales que indican lo que otros necesitan o quieren y profesionalmente hablando lo hace ser mejores profesiones para la enseñanza, ventas, administración etc.

– Las habilidades sociales, Según unos estudios que se realización en la Fundación Carnegie, y reafirmados por el Instituto Carnegie de Tecnología, se demostró que cerca del 15% del éxito financiero de cada profesional se debe al conocimiento técnico, y el 85% se debe gracias a la PERSONALIDAD y la capacidad habilidosa que se tiene para tratar a las personas.  Desarrollar esta habilidad social en toda su potencia en las relaciones es de relevante importancia para la carrera de alguien que todo el  conocimiento académico adquirido en una Facultad. Es lo más importante en la determinación de su futuro como licenciado en arte, en ciencias, doctor en ciencias económicas, en leyes o incluso en filosofía. En forma de máxima: “En la medida en que se relacione sensible, adecuadamente y porque no de forma cautivadora con las personas y los hechos que enfrente, tanto en lo laboral como en lo personal el Éxito esta asegurado”.  El índice del éxito profesional y personal estará determinado, casi infaliblemente, por la forma más o menos eficaz en que se maneje socialmente porque los demás son muy importantes, sea cual sea el aspecto bajo el que lo miremos, siempre que lo hagamos sanamente, no hay nada en el mundo que sea tan importante como las personas.

Es una habilidad tan importante que rodean la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal, y que pueden ser usadas para persuadir y dirigir, negociar y resolver disputas, para la cooperación y el trabajo en equipo.

Como se puede apreciar, por la amplitud de estas habilidades, LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
es muy importante por su utilidad en los buenos tiempos e imprescindible en los tiempos difíciles.

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One thought on “LA INTELIGENCIA EMOCIONAL (PARTE I)

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